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viernes, 9 de marzo de 2012

Historia y Genealogía: El Cid Campeador y Fernán González.

Podemos encontrar diferentes genealogías del Cid Campeador y del conde de Castilla Fernán González. Pero todas los emparentan y los hacen de la Casa Real de Castilla, descendientes de don Pelayo, y asi herederos de la legitimidad de la monarquía visigoda.

Don Munio Núñez Rasura, conde de Castilla, firmó ya con esta dignidad la donación real y fueros de Valpuesta por el rey don Alfonto II el Casto en el año 804, cuando aun vivía su padre don Ñuño Rodríguez, primo segundo de Alfonso II el casto, como nieto del duque don Fruela, hermano de Alfonso I el Católico siendo este  abuelo de El Casto yel duque Fuela abuelo Nuño Rodríguez.

Munio Núñez concedió la Carta Puebla de Brañosera en el 824.

"parte del Monte Vinnio a cuyos pies fue fundada por Munio Núñez y Argilo la villa de Brannia Ossaria; allí donde los guerreros de la heroica y fiel Cantabria contra Roma pelearon en defensa de su patria; tiñendo su noble sangre la corriente de las aguas del Rubagón, que en su día por entre el carbón resbalaban."

“En el nombre de Dios. Yo Munio Núñez y mi mujer Argilona buscando el paraíso, y recibiendo merced, entre osos y cazas hacemos población, y traemos á poblar á Valerio, á Félix, á Lonio, á Cristóbal, y á Cerbello con toda su generación, y os damos para poblar el lugar que llaman Brañosera con sus montes, aguas corrientes, fuentes, frutos de los valles y de toda su dilatada vega, y os damos por términos desde Cotopedroso por el villar, los llanos, la ciudad antigua, el prado porquero, las cuevas del Rey, la peña roxa, la arboleda del camino de Asturianos y Cornecanos, y el pedrizo fixo del valle berzoso hasta el coto mediano; y yo el conde Munio Núñez y mi mujer Argilona damos á vosotros Valerio, Félix, Lonio, Cristóbal y Cerbello estos términos para vosotros y demás que vinieren á poblar en la villa de Brañosera. Y de todos los que vinieren de otras villas con sus rebaños ó con sus cosas á pacer las yerbas dentro de los términos citados en esta escritura reciban los de Brañosera montazgo”…

Munio Nuñez Rasura, señor y conde de Amaya, nació en Amaya probablemente  a fines de 789, o  inicios de 790, siendo Soberano de Castilla el conde don Rodrigo, abuelo suyo. Hijo único de Ñuño Rodríguez. No tenia aun treinta y cinco años, cuando junto con su mujer Doña Argilo, Argilona, dio fueros a Brañosera que influyeron en el general de Castilla, y le sirvió a el mismo como de norma en el desempeño de su famosa judicatura.

Muerto Alfonso II el Casto, y llamado á la sucesión de la Corona de Asturias su primo hermano Ramiro, luego Ramiro I de Asturias, conde soberano de Castilla por su segunda mujer Urraca Paterna, heredera de su padre el conde Diego Rodríguez Porcelos, hermano de Nuño Rodríguez.
...temerosos los Castellanos de que con la falta de sus verdaderos dueños se suscitasen en Castilla iguales alborotos y levantamientos a los que se experimentaban en Asturias y Galicia por no, tener a la vista legítimo Señor que les gobernara, acordaron entre sí elegir dos hombres rectos, que con absoluto poder les administrasen justicia, y amparasen sus tierras de semejantes insultos y de las continuas correrías de los Moros. Juntos pues á este efecto todos los Ricoshombres, Hijosdalgo de Castilla y los Procuradores de los Concejos de Bardulia, á propuesta de D. Suero Fernández, uno de los sujetos mas calificados del congreso, fueron nombrados Ñuño Núñez Rasura, y Lain Calvo.
Teresa Núñez, (Elvira), hija de Munio- o lo que es lo mismo Nuño- Núñez Rasura el de Brañoresa  casó con Laín Calvo, señor de Bivar, Juez Militar de Castilla.

Juntos pues á este efecto todos los Ricoshombres, Hijosdalgo de Castilla y los Procuradores de los Concejos de Bardulia, á propuesta de D. Suero Fernández, uno de los sujetos mas calificados del congreso, fueron nombrados Ñuño Núñez Rasura, y Lain Calvo.

No se sabe cuando murió Munio Nuñez Rasura, abuelo de Fernán González, señor de Lara, pero debió ser hacia el año 862.Para el año 824 ya estaba casado con doña Argilona, en cuya unión otorgó la escritura de fueros de población de Brañosera.

En el 842 los castellanos lo escogieron para juez de Castilla, con motivo de las turbaciones ocurridas después de la muerte de don Alfonso II el casto, primo segundo de su padre y así su tío tercero, y de la elección de Ramiro I, primo hermano de su padre, como hijo de Bermudo I el diácono, hermano de su abuelo, y nieto del duque don Fruela.

La historia manuscrita del monasterio de Arlanza, escrita en el siglo XV, tratando este punto dice así:

“Después de la «muerte del rey don Alfonso el casto estovo España sin «rey algún tiempo. Ca como non dexó fixos , non se podían «avenir los.altos homes del reyno en facer rey: ca cada uno «quería ser rey. Et desto nascian muchos escándalos, porque "«se facían muy grandes maldades , como non hobiese quien «los malos punir. Et como viesen los altos homes de Castiella «et algunos de la parte de Asturias (de Santillana) , et de las «montañast et de Vizcaya, acordaron todos que escogie
sen de entre sí dos homes retos , á quienes todos obedecieren para que goardisen justicia et amparasen la tierra de »los moros , &c.» Sigue la historia contando los sucesos de la elección , y refiere que recayó en las personas de Munio Nuñez y Lain Calbo....

Debemos notar la concurrencia de los vizcaínos de la mitad del siglo IX a la junta general de los castellanos que convienen los escritores haber sido en territorio de la villa de Medina de Pomar ,
donde se pobló posteriormente un lugar cuyo nombre actual de Bijueces, dicen se deriba de aquel suceso.

Medina de Pomar está junto á Vizcaya y con esto comenzamos á descubrir que nuestro conde y juez de Castilla don Munio Nuñez mandaba en Vizcaya. La dignidad de conde no le pertenecía sino por gracia del rey de Asturias y la autoridad de juez general de Castilla la tuvo porque quisieron dársela los castellanos, los asturianos de Santillana, los vizcaínos y los otros montañeses.
Era don Munio por derecho propio señor patrimonial de Amaya y de casi todas las otras tierras montañosas al oriente de Amaya, y entre ellas de la Vizcaya, porque su abuelo don Rodrigo Frolaz, primer conde de Castilla y primo hermano del Fruela I de Asturias, había sido dueño de todo el territorio sito al oriente del rió Pisuerga y sus comarcas hasta la línea oriental del reino asturiano, confinante con la occidental y septentrional del Pirineo.
Parte este territorio entre sus hijos,

Quedó la parte de Amaya y montañas de su oriente para don Nuño Rodríguez, por cuya muerte don Ximeno Núñez, hijo segundo, heredó el señorío de Álava y tierras orientales de Vizcaya, y nuestro don Munio Núñez, hijo de Nuño Rodríguez,  se quedó con la Vizcaya y otros distritos montañosos.
Murió don Munio por los años de 850.  

Fueron hijos suyos los siguientes.

Primero, don Nuño Núñez el de Castrogeriz, señor de Amaya y otros países montañosos sitos al oriente de Amaya: con el tiempo llegó á ser conde parcial de Castilla en ochocientos noventa y nueve. Casó con su prima Sula Bella- Assura Díaz , hija de don Diego Rodríguez Porcelos, hermano del abuelo de Nuño Núñez, conde regente o gobernador general de Castilla y poblador de la ciudad de Burgos, hermana de Gutina quien será abuela de Fernán González según algunas genealogías. Padres de doña Muñía Núñez que casada con Gonzalo Fernández, conde parcial de Castilla, fue madre del conde Fernán González, por una de las posibles genealogías del I conde soberano de Castilla.
Es hermano de Assura Díaz, Fernando Díaz, conde de Castilla y Lantarón 902, fallecido hacia 923. Según Salazar y Castro casó con Nuña Ñúñez, señora de Amaya y Muñón; hija del conde Nuño Núñez "Rasura". Cosa bastante improbable, pues ésta misma aparece casada dos generaciones atrás con el conde Gonzalo Téllez de Lara. Designándolos como padres del conde Gonzalo Fernández de Castilla, padre de Fernán González.

Así, DIEGO RODRÍGUEZ, hermano de Nuño Rodríguez que es el padre de Rasura,  conde de Castilla hacia el  800. Casó con PATERNA. Padres de URRACA PATERNA. Hija-única. Condesa de Castilla, fallecida en 861 en Oviedo. Casó en 842 con RAMIRO I DE ASTURIAS, primo hermano del padre de Urraca Paterna, rey de Asturias y Galicia. Padres de:
  1. Rodrigo II.
  2. García.
  3. Ildonicia, nació ciega.
  RODRIGO II.
Conde de Castilla, repobló Amaya 860; fallecido en 873. Casó con:
N. DÍAZ. Padre de:
  1. Diego Rodríguez "Porcelos”
  2. N. de Castilla, casó con el Conde Nuño Ordóñez, Señor de Amaya; hijo de Ordoño I de Asturias. C/s.
  3. Conde Nuño Rodríguez, señor de Amaya, el padre de Rasura. 
VII - DIEGO RODRÍGUEZ II “Porcelos” o Tempestuoso. Conde de Castilla hacia 873, fallecido hacia el 885-890. En el 882 hizo frente a un gran ejército árabe, pobló Burgos en el 884. Casó con ASSURA, hija del Conde Fernando Assúrez y de Nuña. Padres de:
  1. Fernando Díaz, Conde de Castilla y Lantarón 902, fallecido Hacia el 923. Según Salazar y Castro casó con Nuña Ñúñez, Señora de Amaya y Muñón; hija del Conde Nuño Núñez "Rasura". Cosa bastante improbable, pues ésta misma aparece casada (dos generaciones atrás) con el Conde Gonzalo Téllez de Lara. Designándolos como padres del Conde Gonzalo Fernández de Castilla.
  2. Diego Díaz, Conde de Saldaña, fallecido ~945.
  3. Assura Díaz, casó con el Conde Nuño Núñez de Amaya. C/s.
  4. Mayor Díaz, casó con el Conde Suero de Novelas.
  5. Rodrigo Díaz "Abolmondar", casó con Justa.
  6. Gonzalo Díaz.
  7. Marello Díaz.
  8. Gutina, sigue la línea.
  9. Sula Vella, casó con Nuño Belchides. C/s
GUTINA.  Casó con el conde FERNAN NUÑEZ "el Negro", hijo del conde Nuño Núñez "Rasura" y de Argilona. Padres de:
GONZALO FERNÁNDEZ. (GUNSISALVO FERDINANDIZ). Conde de Castilla y de Burgos 899, Señor Lara y de Amaya; fallecido en 931. Casó hacia 910 con NUÑA FERNÁNDEZ -MUNIA DOMNA., señora de Lara y Amaya, hija única del conde Fernán González de Lara y de Sancha. Padres de FERNÁN GONZÁLEZ.
Encontramos que Fernán González fue hijo de Muniadona y Gonzalo Fernández, quien había sido nombrado conde de Burgos y de Castilla, según se desprende de la Carta Puebla de Brañosera, Munio Núñez de Brañosera sería antepasado suyo
    NUÑO NÚÑEZ "Rasura". Señor de Amaya, Juez Militar de Castilla, pobló Brañosera 824; fallecido después de 860. Casó con ARGILONA.
Padres de:
  1.   Conde Nuño Núñez "el de Castrogeriz", Señor de Amaya. Casó con Asura, hija del Conde Diego Porcelos de Castilla. Padres de Muniadomna, fallecida después del año -935. Casó antes de 912 con el Rey García I de León.
  2.  Conde Fernán Núñez "el Negro" y "el de Castroserio", casó con Gutina, hija del Conde Diego Porcelos de Castilla. C/s. De estos Fernán González. Así, el conde Fernán González de la Casa de Amaya por línea de varón y de mujer.
  3.  Nuña Núñez, Señora de Amaya y Muñón. Casó en el Conde Gonzalo Téllez de Lara. C/s. Así, el conde Fernán González de la Casa de Amaya por línea de mujer y de la Casa de Lara por línea de varón.
  4. Teresa Núñez, (Elvira); casó con Laín Calvo, Señor de Bivar, Juez Militar de Castilla. C/s. (Castro)

Hijos que no aparecen en la anterior genealogía.

Segundo hijo de Munio Núnez Rasura y de Argilona fue don Sarracino Nuñez. Hereda Vizcaya.
Yo,  Don Sarracino Nuñez, hijo segundo del conde de Amaya, y juez de Castilla Munio Nuñez, nacido hacia el 840 fuí el verdadero primer señor de Vizcay , cuyo señorío heredó por muerte de su padre hacia el 850 en particiones con sus hermanos.

El tercero, don Sancho Nuñez, a quien tocó la suerte de ser el primer señor de Durango. Lope García de Salazar lo llama don Sancho Arregui, otros don Sancho Estiguiz, todos con relación a poblaciones de que tuvo señorío. Casó con doña Iñiga Aznarez, hija de don Aznar Galíndez, III conde de Aragón, y de doña Iñiga Garcés de Navarra, hija del segundo rey pirenaico don García Iñiguez primero del nombre, y nieta del rey don Iñigo Arista.

Los Condes y luego reyes de Castilla primos de los señores de Durango y de Vizcaya.

Este don Sancho Nuñez de Estiguiz, I señor de Durango, tuvo por hijos a Lope Sánchez Estiguiz, segundo señor de Durango, y a Sancha Sánchez, que casó con quien puede ser su primo el señor de Vizcaya don Lope Sarracinez, por el nombre del segundo hijo de Munio Núñez Rasura.

Don Lope Sánchez Estiguiz, II señor de Durango,  tuvo á don Iñigo López, III señor de Durango, que casó con su prima doña Velasquita Galindez, hija del IV conde de Aragón Galindo Aznarez II y de Sancha Garcés, hija del rey de Navarra García Ximenez II. Tuvo á don Sancho Iñiguez, IV señor de Durango, que fue condecorado con la dignidad de conde por el rey de Navarra García VI. Le sucedió su hijo don Munio Sánchez en el señorío de Durango, y fueron sucediendo unos á otros sin unión con el señorío de Vizcaya hasta el año mil doscientos doce en que el rey de Castilla don Alfonso VIII donó el señorío de Durango a Diego López de Haro el bueno que le unió al suyo de Vizcaya.
Cuarto hijo de Nuño Núñez Rasura es don Gutierre Nuñez  a quien perteneció el señorío de la tierra de Valpuesta, Valdegobia, Salinas de Anana y sus comarcas,
Quinto don Gonzalo Nuñez.

Y Sexto,  Nuña Núñez que casó con Gonzalo Tellez, señor de Lara su pariente, hijo de Tello González, y nieto de Gonzalo Fruelaz, poblador de Lara. Doña Muñía fue madre del conde de Lara Fernán González que fue padre de Gonzalo Fernández, y abuelo de Fernán González.

Así, el conde Fernán González de la Casa de Lara por línea de Varón y de Amaya por mujer.

Séptimo doña Teresa Núñez que casó con Laín Calvo, juez de Castilla, elegido en el  842, de cuyo matrimonio viene el Cid Campeador. Primo de los señores de Amaya, por estos de los reyes de Castilla y de señores de Lara, y así mismo primo de los señores de Vizcaya.

Autora: Paloma Torrijos (Historia y Genealogía: Blog de Paloma Torrijos)
Referencia: http://palomatorrijos.blogspot.com/2012/03/el-cid-campeador-y-fernan-gonzalez.html

jueves, 20 de octubre de 2011

Simancas, la conquista del Duero

Los moros conquistaron la Hispania goda tan rápido y fácilmente, que se confiaron y se durmieron en los laureles. Solo siete años después de la tragedia de Guadalete, unos cuantos caballeros godos se amotinaron en el norte y fundaron allí su propio reino independiente, el de Asturias.

Aquel mismo siglo, los francos, que temían otro Poitiers –la batalla donde Carlos Martel consiguió detener a la morisma en su cabalgada hacia París–, cruzaron los Pirineos y crearon la Marca Hispánica, un conjunto de condados defensivos para que, en caso de invasión, fuesen los hispanos y no ellos quienes se llevasen el primer palo. Los franceses, siempre tan previsores.

Entre unos y otros, a comienzos del siglo X los cristianos estaban atrincherados en la franja norte de la península y no había manera de sacarlos de ahí. Además, como pasaban muchas necesidades, sus reyes se encalabrinaban con cierta frecuencia y organizaban expediciones de saqueo al rico emirato de Córdoba, que se había quedado con la mejor parte del pastel y nadaba en la abundancia. Los de la Marca, acobardados por la poderosa taifa zaragozana, se aventuraban poco más allá de la ladera sur del Pirineo y de las serranías catalanas. Los asturianos, sin embargo, tenían más campo para correr.

Sabían que moros, lo que se dice moros, no había hasta Toledo; así que, aprovechando que el enemigo comparecía poco y mal, se fueron asentando en la submeseta norte hasta la orilla derecha del Duero. En el año 853 Ordoño I de Asturias reconquistó León, una vieja ciudad romana despoblada que había servido de sede a la Legio VII Gemina, que es de donde le viene el nombre, y no del felino. Años después su hijo, Ordoño II, la convertiría en capital del reino. Pero antes de que eso sucediese los asturianos, que iban sobrados de fuerzas, se internaron más al sur y arrebataron a los moros, en el año 893, un pequeño pero estratégico enclave en el tramo medio del Duero.

Se trataba de Zamora, encaramada en un altozano desde el que se dominaba el curso del río. Por esos mismos años, un tal Diego Porcelos, conde de Castilla y feudatario del rey de León, levantó una fortaleza a orillas del río Arlanzón a la que se empezó a llamar Burgos. La línea iba bajando lentamente ante la mirada medio atónita, medio irritada de los emires cordobeses, que no terminaban de explicarse por qué, a pesar de gobernar el principado más opulento de Europa, no hacían más que ceder terreno en su frontera septentrional.

Abderramán III, que llegó al poder en el año 929, conocía la razón. El emirato parecía mucho sobre el mapa, pero luego, a la hora de la verdad, se quedaba en nada. La autoridad del emir apenas traspasaba los muros de Córdoba. En el resto de Al Ándalus cada uno cumplía con la vieja costumbre española de hacer de la capa propia un sayo. Los caudillos árabes consumían más tiempo peleándose entre ellos o con los bereberes que preocupándose de la amenaza cristiana, que, por supuesto, no tenían como tal. A fin de cuentas, los harenes andalusíes estaban llenos de doncellas cristianas que habían sido entregadas como tributo. ¿Quién iba a tener miedo de alguien que entrega a sus propias mujeres para comprar la paz?
El nuevo emir –hijo, por cierto, de una concubina cristiana– se proclamó califa y planeó una gran ofensiva en el valle del Duero. Algo de tal calibre que obligaría a los envalentonados cristianos a refugiarse de nuevo en los remotos valles del Cantábrico. Llamó a la guerra santa y reunió un ejército colosal formado por unos cien mil hombres. Al frente del mismo abandonó Córdoba a comienzos del verano de 939. La victoria era segura, tanto que dejó dicho al imán de la mezquita que cada día entonase desde el minarete una oración en acción de gracias a Alá por poner fin a la molesta rebelión cristiana. Una rebelión que personificaban mejor que nadie el pesadísimo rey de León y su correoso vasallo castellano.

No había nada que temer. Dos años antes, con muchos menos hombres, había conseguido que, nada más llegar a Calahorra, la reina Toda de Navarra se pusiese de rodillas ante él sin necesidad de presentar batalla. En León, por el contrario, le habían dado para el pelo. Los castellanos sorprendieron a sus tropas acampadas cerca de Osma, propinándoles una humillante paliza que hizo salir despavoridos a los soldados del califa.

Esta vez iba a ser diferente. Para empezar, la máquina de la propaganda estaba debidamente engrasada. El califa se encargó de poner un nombre a la expedición, la llamó campaña del Poder Supremo. Luego estaba la cuestión militar. Los leoneses nunca se habían medido contra un ejército semejante, de hecho ni siquiera lo habían visto, y ahora no iban a cogerle desprevenido como en Osma. Reabastecido en Toledo, Abderramán se dirigió al norte cruzando el Guadarrama. El objetivo era Zamora, que, una vez en sus manos, le pondría en bandeja el reino leonés al sur de la cordillera cantábrica.

Ramiro II pronto supo lo que se avecinaba y mandó aviso al conde de Castilla, Fernán González, y a García Sánchez, rey de Navarra (probablemente avergonzado por el numerito que había hecho su madre en Calahorra), para que enviasen refuerzos urgentemente. El plan era atraer a los moros hasta Simancas, una plaza fortificada junto al Pisuerga relativamente fácil de defender. Allí se reunieron los soldados llegados desde todos los puntos del reino de León, desde Navarra y unos cuantos aragoneses a modo testimonial.
No nos han llegado detalles de la batalla, básicamente porque en aquel entonces los cronistas se dedicaban a componer ditirambos para los reyes y a contar mentiras al por mayor. Lo que sí sabemos es que, poco antes de que empezase, hubo un eclipse total de sol, que debió de ejercer un gran impacto sobre el ánimo de los combatientes. Tanto el cronista moro como el cristiano lo citan, así que debe de ser verdad. Además, los astrónomos modernos han calculado que el eclipse se produjo exactamente el 19 de julio de 939.
Días después del eclipse, repuestos del susto y hechas las oraciones de desagravio pertinentes, moros y cristianos se liaron a palos. Parece que la estrategia seguida por Ramiro fue la de resistir a toda costa en el castillo de Simancas y hostigar al ejército de Abderramán aprovechando el conocimiento del terreno. La tropa mora era muy numerosa, pero probablemente estaba mal avenida, lo que facilitó las cosas a los cristianos, que eran menos pero más compactos y disciplinados. Al final, después de cinco días de combate, Abderramán ordenó la retirada. Los leoneses, que no habían tenido suficiente, le persiguieron hasta un barranco, el de Alhándega, donde se apoderaron de la tienda del califa, haciéndose con un botín de gran provecho.

Abderramán salió con vida de milagro y volvió a Córdoba con la cabeza gacha. Ajustició a los que consideraba responsables de la derrota y decidió no volver a encabezar una expedición guerrera. La noticia voló por todo el orbe cristiano. Hasta en Roma se hicieron eco de ella. Los castellanos aseguraron que San Millán había bajado de los cielos espada en mano para ayudarles en el fragor de la batalla, por lo que decidieron convertirle en su patrón, cosa que sigue siendo hoy, mil y pico años después. Los leoneses barrieron para casa diciendo que el que se había aparecido era Santiago por segunda vez –la primera fue en Clavijo– a lomos de su caballo blanco. Caprichos de la historia, el poder supremo al que había impetrado el imán de la mezquita de Córdoba al final parece que favoreció a los cristianos.
Con o sin ayuda de arriba, los cristianos se apuntaron en Simancas una victoria decisiva. El reino de León fijó su frontera en el Duero y pudo bajar sin contratiempos hasta las sierras carpetovetónicas, fundando ciudades y levantando castillos. Para el cambio de milenio la España cantábrica le llevaba ya dos palmos de ventaja a la pirenaica. En ello tuvo mucho que ver aquella batalla de Simancas, donde se ganó el Duero por mucho que por allí cerca pase el Pisuerga.

Autor:  Fernando Díaz Villanueva 
Web: http://historia.libertaddigital.com/simancas-la-conquista-del-duero-1276239485.html

viernes, 15 de abril de 2011

Los fastos del Milenario

1943. Los diez siglos de Castilla se celebraron en Burgos por todo lo alto. Fue una exaltación patriótica que el franquismo supo utilizar para darse lustre.

Castilla cumplía 1.000 años y el franquismo aprovechó la ocasión para hacer exaltación patriótica con puesta en escena medieval. Como otras dictaduras, ésta también buscó en los mitos del pasado justificación sobre la que sostener sus delirios de poder. Entre el 5 y el 12 de septiembre Burgos acogió los fastos del Milenario, pródigos en homenajes, misas y teatralizaciones históricas. El guión no dejaba lugar a la duda. «Los lugares que en su seno atesoran las reliquias preciadas de los adalides de nuestras gestas, al cabo de mil años, se presentan con sus habitantes de hoy, portando en el alma la integridad moral de una fe inextinguible y en el corazón la fibra emotiva y viril que les conduce a rumbos aplazados con la épica leyenda y el romance secular».
Estampa de soldados medievales en el campo de Laserna. (Foto:Fede)

El primer acto se celebró en Covarrubias, adonde se desplazaron los integrantes de la comisión organizadora para firmar sobre el sepulcro de Fernán González el programa de fiestas, ahí es nada. Después pasaron por las ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza, asistieron a una misa mozárabe en la Colegiata rachela y de regreso a Burgos, tras una solemne recepción, se leyó desde el balcón del Ayuntamiento el programa de marras. «Covarrubias, Arlanza, Silos, Burgos. Cuatro nombres gloriosos, testigos de cómo Castilla, tras diez siglos de existencia ubérrima, mantiene en toda su integridad la idea viva de un ideal inmarcesible, que conjuga en su servicio el sentido eterno de la catolicidad con la fecundidad que dan el castrense galopar de sus caballeros y el incesante laborar de los hombres de la gleba. (...) Castilla, faro y guía de España, está en pie, servidora de una Fe eterna y de un destino universal».

Naturalmente, los actos centrales del Milenario se celebraron con la presencia de Francisco Franco, que llegó en la tarde del 4 de septiembre a una ciudad engalanada. El gobernador civil se preocupó de que el recibimiento fuera multitudinario con un bando que decía, entre otras cosas, lo siguiente: «Burgos, que vibró de independencia, hace mil años, a la voz del Caudillo de Castilla, el conde Fernán González, no puede menos que mostrarse acogedora, agradecida y entusiasta cuando esta tarde llegue y pase por la capital hacia su residencia el Caudillo de España. Es la vuelta del luchador victorioso al histórico cuartel de sus leales, la visita del héroe legendario a la Capital de la Cruzada. Todo burgalés ha de recordar que así como Fernán González dirigió desde Burgos la independencia de Castilla, también desde Burgos dirigió y llevó a Cabo el Caudillo la reconquista y total liberación de España».

Ministros y jerarcas eclesiásticos también acudieron a arropar al Caudillo. Al día siguiente, la ciudad regresó al Medievo. Tras una solemne misa en la Catedral se desarrolló una procesión cívico-religiosa-militar. Ya por la tarde, el campo de Laserna acogió un espectáculo medieval en el que participaron más de 200 personas rigurosamente ataviados con ropas medievales. Hubo justas y todo tipo de espectáculos. El Teatro Principal acogió por la noche un concierto de gala a cargo de la orquesta municipal de Bilbao. Aquellos días hubo música, teatro, espectáculos variados e incluso toros. Nadie hubiese dicho, a tenor del boato de la celebración, que Burgos estaba padeciendo, como el resto del país, una posguerra dura, hambrienta, calamitosa.

Diario de Burgos publicó una edición especial el martes 7 de septiembre en el que se recogían artículos de toda índole firmados por historiadores, escritores, políticos y religiosos como Menéndez Pidal, Rodríguez de Valcárcel, Manuel Machado, Bonifacio Zamora o José María Codón, entre otros. 
                                                                                                                        
Referencia: Rodrigo Pérez Barredo
http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Vivir/20110415/fastos/milenario/5CEEDCCC-CD4D-0661-4D66F9B961C9263D

jueves, 3 de febrero de 2011

San Salvador de Oña: Mil años en la historia burgalesa a través de una abadía (XII)

...Por otro lado encontramos (en la Sacristía de San Salvador de Oña) una urna con la capa mortuoria que envolvía el cuerpo del conde Don Sancho, obra califal hacia 970, encontrada hace apenas unas décadas. En la tela se puede ver el retrato del primer califa omeya oriental, Muawiya. En esta aljuba está escrito el principio del Corán, formando parte de una cenefa. Se sugiere que el traje fue conseguido por Fernán González, abuelo de Sancho, en combate con los musulmanes, aunque no puede descartarse que se trate de un encargo a un taller andalusí (llama la atención la figura repetida de un ave sobre un caballo, lo que podría ser una referencia a la leyenda sobre la independencia del condado de Castilla)...

Referencia:http://tierrasdeburgos.blogspot.com/2011/02/mil-anos-en-la-historia-burgalesa_02.html
Autor: Montacedo

jueves, 16 de diciembre de 2010

La Venganza de Fernán González y la dieta de los 40 dias de Sancho I el Craso

Sancho I era el segundo hijo del rey Ramiro II de León y Doña Urraca de Navarra, hija a su vez de la poderosa reina Toda Aznar de Navarra. Sancho I, llamado el Craso, fue rey de León (956-958 y 960-966)

Ramiro II falleció en el año 951, y tras su muerte ascendió al trono su primogénito Ordoño III (951-958), este se había casado muy joven con Urraca de Castilla, hija del intrigante conde de Castilla Fernán González.

El breve reinado de Ordoño fue muy accidentado, por un lado tenia que contener los constantes ataques de las tropas musulmanas y por otro aplacar las revueltas internas. Unas de las mas sonadas fue el intento fallido por parte de su hermano Sancho por hacerse con el trono. A Sancho le apoyó Fernán González, como venganza, al ser su hija Urraca repudiada por Ordoño. No obstante, no fue hasta la temprana muerte de su hermano, cuando Sancho I fue coronado rey de León en el, en el año 956.

El joven rey, era de carácter orgulloso, engreído y poco inteligente, eso, junto a que ya presentaba una obesidad extremada, la cual le impedía andar, montar a caballo, y mucho menos enarbolar las armas para dirigir los combates, provocaba el desprecio de los nobles y la mofa del pueblo. Circunstancia que aprovecho el astuto Fernán González para fomentar el descontento popular y tramar una conspiración, que culminó con la marcha de Sancho para refugiarse en Navarra junto a su abuela Toda.

Como rey de León se nombró a Ordoño IV (958-960), al que llamaban el malo y el jorobado, por tener un carácter débil y ser enfermizo y deforme. Casado con Urraca de Castilla, viuda de Ordoño e hija de Fernán.

Era octogenaria la reina Toda cuando acogío a su nieto, con la idea de restablecerlo en su trono. Para ello puso en marcha un plan, pedir ayuda a su sobrino, el califa de Córdoba Abd-al-Rhamán III, el cual no dudo un momento en cooperar, a cambio de que, tras la vuelta al trono de Sancho, le fuesen entregadas diez fortalezas fronterizas del margen del Duero.

En primer lugar debía devolver a su nieto “la primitiva astucia de la ligereza”, para lo cual el Califa le envió al famoso médico judío Hasday ibn Saprut, quien debería de ocuparse del tratamiento de adelgazamiento, para lo cual viajaron al califato de Córdoba, un viaje lleno de aventuras, tal y como se narra el en libro de Ángeles de Irisarri “El viaje de la reina”.

Hoy en día, el tratamiento que se le impuso al pobre Sancho en la corte de Medinat al-Zahra, es mas una modalidad de tortura que una dieta de adelgazamiento. A Sancho le cosieron la boca, con una pequeña abertura para poder absorber con una pajita los alimentos que se le proporcionaba, que eran solamente líquidos, nada de solidos…..bebía agua de sal, de azahar, menta o toronjil, y cocimientos de verduras, bardana, cola de cerezo, diente de león, miel de enebro o arrope de saúco, todo ello en su justa cantidad para proporcionarle siete comidas al día.

El tratamiento, como es lógico, produjo en el paciente vómitos y diarreas diarias, que a punto estuvieron de acabar con su vida.

Durante el tratamiento y para que pudiese soportar el ayuno casi total, se ordenó que se le atara a la cama y se le aplicasen sedantes, baños de vapor para sudar y masajes para ir tensando la piel.

Una vez perdidas las primeras arrobas, el personal instruido, le ayudaban a caminar tirando de unas cuerdas, mientras el paciente se apoyaba en un andador hecho a medida.

La dieta duro 40 días tras los cuales Sancho había perdido casi la mitad de su peso, con su nueva figura, el rey tenia muchas menos molestias en las rodillas, podía caminar unos cuantos kilómetros diarios e incluso había sido capaz de yacer con una mujer.

Asi de esbelto, Sancho emprendió la recuperación de su trono, con la ayuda de las huestes musulmanas proporcionadas por el califa. En el año 960, recupera el trono, pero incumple la promesa de rendir vasallaje y el impago de los tributos pactados con Adb-al-Rahmán III, al tener conocimiento de la muerte del califa, se considera dispensado de cumplir con sus compromisos.

No fueron muy felices los últimos años de su reinado, por un lado era atacado por Al-Hakam I, hijo del califa, que le recriminaba su actitud, por otro no fue capaz de gestionar sus dominios, por lo que la nobleza y el pueblo estaban descontentos, provocando un levantamiento popular por parte de la nobleza gallega. Sancho I realizó una expedición por tierras gallegas y portuguesas, consiguiendo apaciguar los conflictos. El 16 de noviembre de 966, encontrándose en el monasterio de Lorbán, unos de los nobles gallegos, le regaló una manzana envenenada. El rey enfermó y murió a los tres días en el camino de regreso a León.

Publicado por  isadora
Referencia: http://www.historianecdotas.comoj.com/la-dieta-de-los-40-dias-de-sancho-i-el-craso/

lunes, 7 de enero de 2008

Fernán González y la quema pública del Fuero Juzgo

La tradición democrática de Castilla está presente en sus más remotos orígenes. Bardulia, denominación de la región oriental del valle del Duero fue una tierra fronteriza en las guerras que llevó a cabo el reino astur-leonés desde el siglo VIII contra el emirato-califato de Córdoba (lo que nos han vendido como “Reconquista”, pero que fue otra cosa bien distinta), con el resultado de una devastación profunda del territorio. Era necesario, para la supervivencia del reino cristiano, reforzar sus posiciones fronterizas con acuartelamientos y población que sirviera de contención para las razzias que enviaban los cordobeses contra el norte.

Esta repoblación se llevó a cabo de forma curiosa. Comunidades enteras de cántabros y vascos pactaron con la corona el ocupar este territorio inhóspito a cambio de conservar su estructura político-social, la que históricamente estaba funcionando en las poblaciones de la cornisa cantábrica: un sistema de tierras comunales y gobierno por concejo abierto, es decir, por asambleas generales de toda la vecindad, que tenían capacidad de decisión en todos los aspectos de la vida social y política y en las que participaban todos los habitantes del municipio, independientemente de su posición social.

Obviamente, y casi desde el primer momento, este sistema político confrontó con la estructuración del reino astur-leonés. La corona y la nobleza pugnaron duramente con el naciente pueblo castellano para establecer en las ciudades de Castilla el Fuero Juzgo, versión gótica del derecho romano, que implantaba un sistema feudal a la europea, donde los campesinos y artesanos eran prácticamente propiedad de su señor feudal, ya fuera este de extracción nobiliaria o eclesiástica, las tierras comunales pasaban en su gran mayoría al señor y la decisión política se dilucidaba en pulsos entre la corona y los nobles, sin participación alguna del pueblo.

Este combate entre sistemas políticos es el leit-motiv de la Edad Media castellana y es conscientemente ocultado en la historiografía oficial. En más de medio milenio de historia la situación vivió altibajos y modificaciones, pero en el ámbito castellano se asentaron fuertemente las denominadas “Comunidades de Villa y Tierra” regidas por su propio fuero y no por la ley de la corona.

La situación se rompió en el año 945. Tras la quema pública del Fuero Juzgo en la plaza de Burgos el conde Fernán González (que había estado encarcelado por el rey Ramiro II de León) proclama la independencia de Castilla, pero no se corona rey sino mantiene su denominación condal y es recordado como “el primero entre los hombres libres de Castilla”. Este Fernán era descendiente de Nuño Rasura, primer juez de Castilla, título que ostentaban los elegidos por las comunidades para dilucidar los conflictos forales dentro del territorio castellano.

La independencia plena no duró más de un siglo. En el 1029 García Sánchez, el bisnieto de Fernán González, es asesinado a la edad de trece años, en circunstancias no muy aclaradas, y Castilla es ocupada por las tropas de Sancho III de Navarra, cuñado del muerto. Posteriormente el hijo de éste se proclamará rey de Castilla y unificará el reino con León gracias a su matrimonio con la hermana del rey Bermudo III. Este es el origen del Reino de Castilla y León, que, pese a su nombre, presentaba un predominio en las formas políticas leonesas e iniciaba un nuevo periodo de lucha contra los fueros de las ciudades castellanas.

Poco a poco la situación se equilibra con la creación de las Cortes con competencias fiscales, en las que estaban representados las comunidades con procuradores de su elección, pero con una paulatina sustitución del régimen de concejo abierto por el de regimiento, más restringido pero que seguía dando voz en las decisiones políticas a estamentos ajenos al poder nobiliario o eclesiástico. El sistema producción basado en las tierras comunales (y por lo tanto distinto al feudalismo) se mantuvo, siendo una especificidad poco analizada de Castilla en el contexto ibérico y europeo de la época.

En muchas otras ocasiones, a lo largo de los siglos siguientes, se planteó la independencia de Castilla. Cada vez, y esto no puede olvidarse, los intentos acabaron de forma violenta (tenemos a Rodrigo Díaz de Vivar, tergiversado en héroe españolista por el franquismo, obligando a jurar a Alfonso VI, el "accidente" de Enrique I y un largo etcétera) pero, en ningún caso se consiguió eliminar, como luego quedó demostrado, un profundo sentimiento democrático y emancipador en el pueblo castellano.

Web: http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=48977