jueves, 3 de marzo de 2011

Sepúlveda, románica, templaria y misteriosa: tras los pasos de Fernán González

Sepúlveda es una de las ciudades más curiosas de España. En el corazón de esta localidad castellana se concentran gran cantidad de iglesias y enclaves que suscitan enorme interés, tanto por su riqueza arquitectónica como por los secretos que sus monumentos guardan entre los viejos muros.

   Un paseo por la Fortaleza de Fernán González, las murallas de la villa y sus numerosas iglesias invita a trasladarse a un mundo antiguo y mágico.

   Habría que comenzar recordando que el Fuero de Sepúlveda fue otorgado en 1013 por el conde don Sancho y que la ciudad fue repoblada de gallegos, cántabros y asturianos.

   Mucho antes, desde la Edad del Hierro, Sepúlveda ya extendía su población sobre una enorme peña que asoma al río Duratón. Durante siglos, fue parte imprescindible de la historia de Castilla e incluso algunos historiadores aseguran que Sepúlveda albergó un convento del Temple, aunque éste no ha sido localizado.

   Uno de los lugares más interesantes de Sepúlveda es la iglesia de Santiago. En su portada, figuran imágenes de caballeros templarios, aunque destaca por su ábside de cuarto de esfera de estilo mozárabe, de ladrillo con doble arquería y figuras geométricas, que es único en Sepúlveda.

   La iglesia, que cuenta con una portada renacentista, esconde una cripta subterránea, posiblemente resto de un primitivo templo, en donde se encuentran una serie de tumbas antropomorfas excavadas en la roca que podrían datar del siglo X.

   Otro tempo destacado de la localidad es la iglesia del Salvador, del siglo XIV, dotada de un claustro románico con capiteles historiados. Esta parroquia fue consagrada en el año 995 y es un arquetipo de las iglesias porticadas románicas con una torre que se encuentra separada de la nave y que se comunica con ella a través de un estrecho pasadizo abovedado.  Sus formas son sencillas y armoniosas y los muros espesos. La serenidad de sus instancias evoca el mensaje del retiro y la meditación.

   Entre los edificios singulares del patrimonio de Sepúlveda se alza la parroquia de San Bartolomé, también románica, que se levanta donde la Plaza Mayor termina, en un lateral del extremo opuesto al castillo, y la Iglesia de los Santos Justo y Pastor. La portada de esta última parroquia, denominada por Roso de Luna como "pitagórica", está formada por un triángulo y un cuadrado, es sobria y bien proporcionada. Su puerta principal da paso a una nave rectangular con asientos a izquierda y a derecha y la cámara interior, que custodia un sepulcro de mármol donde -se dice- yació un inquisidor, comunicaría con varios pasadizos, uno de los cuales conduce a un no menos enigmático enclave: el santuario románico de la Virgen de la Peña. La Virgen de la Peña es el santuario que guarda a la patrona de Sepúlveda. Está situado en un extremo de la villa, sobre una de las hoces más pronunciadas del Duratón. Románica, del siglo XII, su planta es idéntica a la de la Iglesia de El Salvador, aunque el pórtico actual es casi todo del siglo XVI.

   Vigilante, sobre el cañón del Duratón, se halla la Puerta de la Fuerza, un monumento que ejerce como protector. Cuenta la leyenda que en este emplazamiento tuvo lugar una lucha entre el conde Fernán González y el alcaide moro.

   El Parque Natural de las Hoces del Duratón, creado en 1989 con el fin de proteger un lugar único en paisaje fauna y flora, tiene una longitud de 27 kilómetros y una superficie de 5.037 hectáreas. Su territorio se extiende por los términos municipales de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río.  Los paisajes que acompañan al Duratón son impresionantes desde su nacimiento. En el valle alto del río aparece ya la espectacular cascada de la Peña del Chorro y el mirador de Santo Tomé del Puerto.
   Parajes ocupados por acebos y enebrales de piedemonte, robledales y con una rica fauna en la que destacan las colonias de buitres leonados, además de la alondra de Dupont, la curruca rabilarga y la chova piquirroja.

   El profundo cañón del Duratón se formó por la acción del agua sobre las solubles rocas carbonatadas, calizas y dolomías que se originaron hace 140 millones de años, durante la era secundaria.  La erosión y el paso del tiempo han creado ocres y rojizas paredes verticales de 70 y hasta 100 metros altura, entre las que transcurre encajonado el río, formando pronunciados meandros y curvas en ocasiones cercanas a los 260 grados de giro, o penínsulas que, desde tiempos remotos, han cobijado asentamientos humanos; al menos desde la Edad del Bronce.

   Antes de visitar el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, es muy aconsejable acercarse a la Casa del Parque, situada en la antigua Iglesia de Santiago, reconstruida con ese fin e inaugurada en 1994 en la Villa de Sepúlveda.  Esta Casa, alberga una exposición en la que el visitante tiene la posibilidad de realizar un recorrido imaginario a lo largo del Parque, que otorga una buena idea de todo lo que se puede observar en el interior del Espacio Natural y permite un mayor aprovechamiento de la visita al mismo.

Referencia: http://www.europapress.es/chance/viajes/noticia-sepulveda-romanica-templaria-misteriosa-20110301124646.html
Autor: Diego García