viernes, 21 de enero de 2011

Medalla de oro de Cantabria a Alfonso Osorio

Alfonso Osorio es hijo adoptivo de Ampuero (Cantabria), localidad que también le ofreció la Medalla de oro, así como del Real Valle de Camargo junto a la distinción de ser alcalde honorario de Guriezo. El gobierno de Cantabria, ante una petición que incomprensiblemente no prosperó en el Parlamento regional ni propuso tampoco o adoptó el alcalde de la Serna del ayuntamiento de Santander, del PP, le ha concedido la Medalla de oro de Cantabria. Osorio, a escala nacional, cuenta con la Gran Cruz de Carlos III y la Gran Cruz de Isabel La Católica.

Con esta concesión del gobierno bipartito PSOE-PRC, Alfonso Osorio recibe un reconocimiento que se corresponde con una biografía política que va desde haber sido senador por designación real al hecho de que fue persona clave junto a Suárez en la transición, ministro de la Presidencia del primer gobierno de la Monarquía y Vicepresidente en el segundo. Con la medalla de oro que le otorga el gobierno regional y de la que me dio cuenta telefónicamente el consejero de la presidencia Vicente Mediavilla se presta un reconocimiento más a la brillante andadura del político demócrata cristiano, nacido en diciembre de 1923 y que ya fuera procurador familiar en Cortes en representación de la antigua provincia de Santander.

Osorio, que hizo el bachillerato en el Instituto Santa Clara y en los PP. Escolapios, tras licenciarse en Oviedo en Derecho, ingresó por oposición en los cuerpos Jurídico del Aire y en el de Abogados del Estado obteniendo en ambos casos el número uno. En el Congreso de los diputados fue presidente de la Comisión de Presupuestos y había sido en el franquismo presidente de Renfe y Subsecretario de Comercio. Recientemente se adhirió con entusiasmo a la petición concedida por el gobierno de Cantabria Fernando Alvarez de Miranda y Torres, quien fuera presidente del Congreso.

En Febrero de 1984 Alfonso Osorio ofreció una conferencia titulada “Cantabria un nombre propio” que se editó en una colección bajo el título “Los Nuevos Foramontanos”. Además de mostrar calidad literaria y un entrañado amor a Cantabria, el excelente texto muestra su profundo conocimiento en torno a la inflada polémica entre la terminología de “La Montaña” y “Cantabria”. Recordó cómo Pedro Escalante propuso en 1963 la sustitución que algún político se arroga con impropia exclusiva.

Desde la nobleza hispanovisigótica refugiada en donde no penetró el Islam, pasando por los altos puertos que guardaban La Peña de Amaya y Peña Labra “como dioses rupestres”, señaló cómo fraguaba Castilla indicando que de ahí partió el movimiento “foramontano”. Citará a Fernán González con aquello de “entre todas las tierras, mejor es la Montaña”. Desde Féliz Cavada de Buelna, pasando por Fray Francisco de Sota, retrotrayéndose a las guerras de los cántabros con Augusto, evoca la legendaria historia épica de Cayo Aristio, quien siguió a fuego la campaña con su victoria bajo los muros de Vellica (Fombellida) antes de retirarse los insumisos al monte Vinnicum.

Se apoyará también en Lafuente Ferrari, en Aureliano Fernández Guerra y otros para mostrar el emplazamiento histórico y junto a documentos latinos que designan juntamente a Austrigonia y Cantabria indica la pérdida del nombre y el englobamiento o la inclusión dentro de la plural denominación de Asturias “o de la naciente y fronteriza Castilla”. Con Fray Antonio de Guevara, Diego López de Haro y González Echegaray fue Osorio trazando distinciones y precisiones en torno al nombre de La Montaña llegando a la ecuación histórica Cantabria-País Vasco. Pero llega a la tesis cántabro-santanderina que filia en la mención de Menéndez y Pelayo en el prólogo a las Poesía de Amós de Escalante cuando se queja de la consideración de “apéndice de regiones limítrosfes” aunque reivindica a Juan de Castañeda, que ya escribía por 1592.Tras la nómina que repasa el polígrafo, Osorio mencionará a Fray Enrique Flórez y a Manuel de Assas respecto a los límites cántabros antes de detenerse en el más amplio criterio de Amador de los Ríos.

El renacimiento para actualizar el nombre de Cantabria (a diferencia del “inventor” que se apropia esta restitución…) data de finales del XVIII y principios del XIX según señala Alfonso Osorio, quien había dado esta conferencia también en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo. Entre otras pruebas alega la Junta Suprema de Cantabria bajo la presidencia del Obispo D. Rafael Menéndez de Luarca, formada para un cuerpo de Ejército cuando vino la Guerra de la Independencia.

En la Casa de Juntas de Puente San Miguel, en julio de 1778 -hasta entonces sede de la Asamblea de Nueve Valles de Asturias de Santillana- se constituyó el nombre de provincia de Cantabria. La decisión administrativa del ministro de Fomento en 1833, Javier de Burgos, afectó al nombre y a los límites geográficos de la provincia con el nombre de Santander. Pero no supuso renuncia al nombre ni a la historia. Alfonso Osorio invoca la poesía de Calixto Fernández Camporredondo, a Casimiro del Collado, y a Antonio Trueba a quien replicarán Amós de Escalante y más tarde el propio Pérez Galdós… Es profunda y detallada la narración que se basa en antología, bibliografía histórica y voces diversas como las de los poetas Gerardo Diego o Chus Cancio para abordar finalmente el político cántabro la cuestión de la compatibilidad de los nombres. Se pregunta Osorio por qué no se utilizan como legítimos sinónimos para así justificarlo finalmente con su decisión propositiva fundándose, entre otros, en Amós de Escalante, Luis Barreda o Menéndez Pelayo.

Hoy el gobierno autonómico ha reconocido al ilustre político, montañés de Cantabria, sus méritos de hombre público y su importancia en el momento decisivo de la transición de la que ha sido coprotagonista principal. Pese a alguna incomprensible omisión, Alfonso Osorio es ya “profeta” en su tierra.

Referencia: http://meridianocontinuo.com/2011/01/20/medalla-de-oro-de-cantabria-a-alfonso-osorio/
Autor: meridianocontinuo